Las Estancias Infantiles

14-02-2019 09:24

Chile, en un afán de mejorar la educación superior estableció un programa de “vouchers”.

Este consistía en dotar a la población en edad universitaria con uno de estos papeles para que escogieran a su juicio la institución universitaria que más se acomodara a sus necesidades. Se buscaba incrementar la competencia entre universidades y, con ello, su calidad. En la práctica, en Chile ha habido un debate desde el inicio del programa que ha seguido hasta ahora, ya con evaluaciones ex post del mismo.

El argumento es que se favoreció a las universidades que ya eran “buenas” al momento de la introducción del programa porque pudieron captar a los mejores estudiantes. Esto, se argumenta, perjudicó a universidades en desarrollo ya que atrajeron a los estudiantes menos calificados.

Con esto se amplió la desigualdad de oportunidades de los muchachos debido a que la evidencia arrojó que los mejor preparados venían de preparatorias de por sí privilegiadas y son los que se colocaban en las “buenas”. Más aún, hubo una explosión de universidades privadas, con capital semilla importante, que empezaron a atraer también a buenos estudiantes, ampliando aún más la brecha de la desigualdad.

Se argumentó la privatización de la educación universitaria. Buena parte de estos resultados fueron publicados en revistas académicas de prestigio, como El Trimestre Económico.

Este sistema, sin embargo, puede aplicarse a estancias infantiles sin esos efectos perversos debido a que la problemática es distinta. Al tratarse de educación temprana, que además permite la incorporación de las madres al mercado laboral, los vouchers sirven como entrega de recursos sin intermediarios, tal y como lo requiere el Presidente AMLO, evitando las supuestas irregularidades actuales.

Esto tendría la ventaja de que esos recursos no serían usados por las familias para otros fines. Incluso le quita parte del supuesto componente clientelar y de ampliación de base social del presidente.

 

Un programa de vouchers para las estancias infantiles tendría la ventaja de que esos recursos no serían usados por las familias para otros fines

 

Es cierto que remueve la posibilidad de que los abuelos sean los que cuiden a los niños, los que efectivamente en algunos casos harían un mejor trabajo que las guarderías, pero que en una balanza, los vouchers representan una mejor alternativa.

Esto porque, como se sabe, una guardería que cumpla con las características adecuadas garantiza alimentos balanceados, programas de estimulación temprana y, más aún, permite la socialización de los infantes. La diferencia es que con los vouchers las estancias infantiles tendrían que competir entre ellas para dar un mejor servicio, con lo que se incrementaría su eficiencia en el agregado.

Más aún, dada la evidencia de que se encontraba muchas irregularidades en las estancias (como por ejemplo, estar protegidas porque eran propiedad de algún amigo de un funcionario público), los vouchers coadyuvarían a que desaparecieran, máxime si se permitiera la apertura de más estancias, con una certificación de rutina para verificar que cumplan con los requisitos, como cualquier negocio privado, sin una concesión explícita. El problema entonces estuvo en “concesionar” guarderías. Sin éstas, los vouchers pueden funcionar mejor.

En suma, para quitar los intermediarios en la diseminación de los recursos hacia la población objetivo, debe estudiarse los instrumentos disponibles para que el objetivo final se cumpla y que beneficie a los niñ@s. No debe satanizarse lo que puede funcionar, porque de otra manera la sospecha del clientelismo (o ampliación de base social de apoyo) puede empezar a incrementarse.

Esto apenas empieza, es hora de discutir y debatir alternativas.