La confusión del director del FCE

28-02-2019 00:03

Para muchos una política económica de izquierda se caracteriza fundamentalmente en redistribuir el ingreso. De hecho, en el pasado en algunas universidades privadas se prohibía hablar del tema.

Un buen amigo, economista senior muy prestigiado, me contó que allá en sus inicios como académico, hace poco más de 30 años, escribió sobre el tema y  fue llamado de rectoría de la universidad privada en la que laboraba para que omitiera el tema en el futuro. En el mismo saco se metió al abatimiento de la pobreza. De aquí que el gasto social excesivo se considere la antítesis del neoliberalismo.

De hecho, en el México moderno el gasto social, comienza de manera formal, durante la administración de Lázaro Cárdenas1 que, como se sabe, ha sido calificado como el primer presidente con cierta orientación “socialista” en México. Independiente al último calificativo, el gasto social siguió creciendo, primero con el modelo de desarrollo estabilizador (al que los empresarios de la época todavía calificaban como izquierdoso), y posteriormente en la época democrática (aún con gobiernos de derecha).

En otras palabras, analizar la desigualdad en la distribución del ingreso y los posibles mecanismos de redistribución ha sido históricamente etiquetado como pensamiento de izquierda. A Picketty, con la publicación de su libro El Capital en Siglo XXI2, se le consideró dentro de la derecha americana como un “socialista”.

Lo mismo sucede con las acciones que han tomado los gobiernos para abatir la pobreza. De hecho, el primer rubro de gasto público para disminuirla se dio en Inglaterra en los 1600s con la famosa Ley de los Pobres (que sufre modificaciones a lo largo de su historia, hasta la promulgación del Estado del Bienestar).

Para 1776 el gasto social para específicamente combatir la destitución en ese país alcanzó 1.38% del PIB (hoy día en México, casi 250 años después, el presupuesto de Progresa/Oportunidades/Prospera/Bienestar, no llega al 1% del PIB), pese a las críticas de Adam Smith3, el padre de la frase de “la mano invisible”.

¿A qué viene todo esto? Pues bien, estos temas han sido tratados ampliamente en las páginas de El Trimestre Económico. Y son temas considerados por los “neoliberales” como “no-neoliberales”. Reitero, se consideran temas de “izquierda” en la historia del pensamiento económico.

Y esta revista ha sido acusada por el director del FCE (no a su comité editorial, sino a los cientos y cientos de autores de distintas nacionalidades, instituciones de adscripción, y bagajes) de “neoliberal”. Hay una completa confusión en las ideas de quienes lo afirmaron.

 

Te puede interesar: 

Cien días a paso veloz con escaso avance

Columna de Rodolfo de la Torre

 

No es mi intención entrar en este debate, pero creo que la rigurosidad con la que se deben tratar dichos temas, implica el uso de evidencias, las que muchas veces implica el uso de estadísticas y su procesamiento.

Y creo que es el uso de métodos cuantitativos, lo que en realidad fue calificado como neoliberal. Confundir al método con ideología es una confusión que debemos desterrar. Calificarlo de esa manera muestra un desconocimiento de cómo se está realizando la ciencia económica en el mundo, México incluido.

 

El Trimestre Económico ha sido acusado por el director del FCE (no a su comité editorial, sino a los cientos y cientos de autores de distintas nacionalidades, instituciones de adscripción, y bagajes) de “neoliberal”. Hay una completa confusión en las ideas de quienes lo afirmaron

 

No tengo problema con la discrepancia, la crítica y el cambio en la revista, es más, lo celebro. Bienvenidos todos. El director del FCE tiene esa prerrogativa; la respeto completamente. Lo que creo que es inadecuado es salir a hablar sin comprender el papel que ha tenido la revista en la generación de conocimiento. En mi opinión “lo confundieron”.

Dicho esto, que siga su camino, está en su derecho (creo que está equivocado), pero que lo haga con respeto a los integrantes del Comité, a los cientos de autores, a los miles de lectores y, en especial, a las personas que sufren la discapacidad intelectual llamada autismo, término no recomendado para denostar a alguien por la Comisión Nacional para la Prevención contra la Discriminación y que fue utilizado infortunadamente en su comunicación video grabada.

 

[1] Wilkie, J.W. (1967), The Mexican Revolution: Federal Expenditures and Social Change since 1910, University of California Press, Berkeley

[2] Por cierto, los integrantes del Comité de El Trimestre Económico, fueron medulares para que el FCE lo tradujera. Este libro se convirtió en la principal fuente de ingresos del FCE, ese año.

[3] Peter Lindert (2006). El Ascenso del Sector Público. Fondo de Cultura Económica. México.